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El 27 de febrero de 2010, el terremoto y tsunami que devastó gran parte del litoral chileno dejó a Talcahuano sin su mercado.
Ese espacio que durante décadas fue el corazón comercial de la comuna, donde generaciones de familias compraron, vendieron y se ganaron la vida, quedó destruido en minutos,han pasado 16 años de promesas, licitaciones frustradas, recursos trabados en Contraloría y locatarios que sobrevivieron como pudieron.
Por eso la adjudicación unánime del proyecto de reconstrucción aprobada por el Concejo Municipal en abril de este año no es solo una buena noticia administrativa,es una deuda histórica que Talcahuano está comenzando a saldar.
Los números son concretos: más de 6.000 metros cuadrados, un edificio de tres niveles, 139 locales comerciales, cocinerías, ascensores y escaleras mecánicas,una inversión superior a los $16 mil millones financiada por el Gobierno Regional del Biobío y la Subdere.
Las obras están proyectadas para agosto de este año, una vez que se complete la firma del contrato con la empresa adjudicada, Casaa.
Pero aquí es donde la mirada política no puede estar ausente,chile tiene una larga historia de obras públicas que nacen con grandes anuncios y terminan siendo elefantes blancos: infraestructura cara, mal ejecutada, que no cumple su propósito y termina siendo una carga para la comunidad en lugar de un aporte.Talcahuano no puede darse ese lujo.
No después de 16 años de espera.
No con los comerciantes que han resistido todo este tiempo.
La responsabilidad de fiscalizar no puede recaer solo en los organismos técnicos,los concejales, el municipio, las organizaciones de locatarios y la ciudadanía en general deben estar atentos a cada etapa de la construcción
Que los plazos se cumplan,que los materiales sean los comprometidos,que los 139 locales sean funcionales, accesibles y dignos,que las cocinerías del nivel superior tengan la infraestructura necesaria para que los negocios prosperen,que los ascensores y escaleras mecánicas no sean promesas de inauguración que después nunca funcionan.
Porque eso también pasa en Chile. Y Talcahuano lo sabe.
Hay además una dimensión humana que no podemos olvidar,detrás de cada local comercial hay una familia,hay personas que perdieron su fuente de trabajo en 2010 y que han esperado con paciencia, y también con rabia legítima, que el Estado cumpla su compromiso.
Para ellos, el mercado no es infraestructura,es identidad, es historia, es sustento,merecen una obra de calidad, no una que en cinco años requiera reparaciones millonarias o que deba cerrarse por problemas estructurales.
Siempre he sostenido que el Estado debe ser eficiente y que cada peso de recursos públicos debe rendir cuentas,una inversión de $16 mil millones en una obra que la comunidad lleva 16 años esperando es exactamente el tipo de proyecto que debe ejecutarse con excelencia, con transparencia y con fiscalización rigurosa en cada etapa.
El anuncio de agosto como fecha de inicio de obras es una señal positiva,ahora la tarea es no bajar la guardia,que el mercado de Talcahuano sea finalmente, el polo comercial y turístico que esta comuna merece. Que sea un orgullo, no una decepción más.
Talcahuano esperó 16 años. Ahora exijamos que valga la pena.
Jaser Arriagada Campos
Ubicación:
Talcahuano, Bío Bío, Chile
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