Bajar el impuesto corporativo del 27% al 23%: por qué Chile necesita volver a atraer inversión y crecer

 Bajar el impuesto corporativo del 27% al 23%: por qué Chile necesita recuperar la inversión y el crecimiento.

La izquierda instala el debate como "ayudar a los ricos". El problema es exactamente el opuesto: no bajar impuestos también tiene un costo, y ese costo lo paga el trabajador que nunca consiguió empleo.


Llevo años trabajando en administración de empresas, y algo que aprendí desde el primer semestre de la carrera es que ninguna decisión de inversión se toma en el vacío. Antes de construir una planta, abrir una sucursal o ampliar una línea de producción, cualquier empresa (grande, mediana o pequeña) hace el mismo ejercicio: compara. Compara costos, riesgos, certeza jurídica, estabilidad política y, por supuesto, impuestos.

Cuando la izquierda instala el debate sobre el impuesto corporativo como una simple pelea entre "empresarios" y "el pueblo", está simplificando algo que quienes trabajamos en gestión y finanzas vemos todos los días: una inversión que no se hace en Chile no desaparece, se va a otro país. Y con ella se van los empleos, los proveedores, las oportunidades y los salarios que esa inversión iba a generar.

Por eso apoyo bajar el impuesto corporativo del 27% al 23%. No como consigna, sino como alguien que entiende cómo se toman estas decisiones en la práctica.

No es un debate de "ricos contra pobres"

Es fácil instalar la idea de que bajar impuestos a las empresas es "regalarle plata a los ricos". Es una frase que rinde bien en un titular, pero que no resiste el análisis.

Cuando una empresa decide no invertir en Chile porque el proyecto es más rentable en otro país, no es el dueño quien pierde más. Es el trabajador que nunca fue contratado. Es el proveedor que nunca recibió el contrato. Es el joven que nunca tuvo la oportunidad de postular a ese primer empleo.

La pregunta de fondo no es si una empresa paga más o menos impuestos. La pregunta es qué nivel de impuestos permite financiar un Estado fuerte sin destruir los incentivos para invertir, producir y contratar.

Chile necesita volver a crecer, y eso no es abstracto

Chile lleva años creciendo mucho menos que en décadas anteriores. Y crecer poco no es un problema que solo le interese a los economistas o a quienes trabajamos en el mundo empresarial: cuando la economía se estanca, hay menos inversión, se crean menos empleos y los sueldos avanzan más lento.

Esto se siente especialmente en comunas donde buena parte de las familias dependen directa o indirectamente de la actividad industrial y portuaria. Un proyecto de inversión que se instala trae empleo directo, pero también transporte, servicios, mantenimiento y demanda para el comercio local. Un proyecto que se va a otro país se lleva todo eso con él.

Bajar impuestos no es debilitar al Estado

Quiero ser claro en algo: no estoy planteando que el Estado deba reducirse o dejar de cumplir su rol. Todo lo contrario. Como dirigente de centroderecha, creo en un Estado eficiente, capaz de entregar seguridad, salud, educación e infraestructura de calidad.

Pero un Estado eficiente necesita financiamiento, y ese financiamiento sale de una economía que produce y crece. El Estado no recauda sobre empresas que nunca se instalaron ni sobre empleos que nunca se crearon. Por eso, cuando alguien plantea la discusión tributaria únicamente como "cuánto recauda el Estado hoy", está dejando fuera la mitad de la ecuación: cuánto crecimiento y recaudación futura se pierde cuando los impuestos se vuelven un obstáculo para invertir.

El verdadero beneficiario debe ser el trabajador, no el eslogan

Bajar el impuesto corporativo del 27% al 23% no es una solución mágica ni resuelve todos los problemas económicos del país. La inversión también depende de la seguridad, la certeza jurídica y la estabilidad regulatoria. Pero los impuestos importan, y en un mundo donde los países compiten por atraer capital, Chile no puede darse el lujo de ignorarlo.


Mi convicción, desde mi profesión y desde mi rol político, es simple: esta no es una discusión de empresarios contra trabajadores. Es una discusión sobre si Chile va a tener más o menos oportunidades de empleo en los próximos años.

Porque cuando una inversión se va a otro país, el empresario encuentra otro proyecto.

El trabajador que nunca consiguió ese empleo, no.


Jaser Arriagada Campos

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